Posteado por: importanciadevivir | abril 17, 2010

Qué me gusta de Mockus

Se puede liderar diciendo lo que hay que pensar y lo que hay que hacer, creando así seguidores.
Se puede liderar invitando a ver distinciones, a tener conciencia, a elegir y actuar en consecuencia, creando así líderes.
A algunos el discurso de Mockus les puede sonar vacío y ambiguo porque no ven las instrucciones explícitas de qué hará caso por caso.

Para mí el principal mensaje es: mire adentro, a sus principios. Identifíquelos y sea coherente con ellos. Aún si no gana Mockus, o si gana y no me gusta lo que haga, este impulso a recuperar identidad y responsabilidad serían ganancia más que suficiente para este país. Porque creo que el país que tenemos lo hemos construído entre todos. Unos como protagonistas, otros como co-protagonistas, otros como espectadores, otros detrás de bastidores y también otros de espaldas al escenario. Pero esto no sucede porque unos son vivos y otros bobos. Sucede porque tenemos creencias y actuamos de acuerdo a ellas. Porque unos hacen y otros dejan hacer. Porque tenemos teorías pero no movemos un dedo para probarlas. Porque vivimos en el reinado del miedo. Miedo que genera lo que no queremos: mueve a los ‘malos’ e inmoviliza a los ‘buenos’ que son quienes más lo promueven! Por eso creo que somos responsables de lo que tenemos.

No se trata de apostarle a que si gana Mockus todo lo que haga me gustará. No se trata de garantizar que todo lo que hagan sus seguidores estará alineado con él o conmigo o con el bien del país. Esperar eso es apostarle a la decepción. Es retarse a la inacción para no correr riesgos con la imagen si esas cosas suceden (lo cual estadísticamente no es tan improbable, creo yo).

Sin embargo, creo que los líderes no esperan indicaciones. Los líderes actúan, aún a riesgo de equivocarse. Y si no eres líder necesariamente eres seguidor, porque aún hacer nada es hacer algo. Esto significa que otros eligen y tú simplemente te dejas llevar. Si te tienes en poca estima te agradará, al menos por un tiempo. Si te sabes suficiente no terminarás el camino satisfecho de tí.

Me gusta de Mockus que invita a salirnos de las respuestas automáticas que nos dan una supuesta seguridad. Cuando escuchamos a un político decir lo que hará exactamente con todo problema real o hipotético que le planteen, nos tranquiliza que tenga una respuesta, que no vacile, que la sepa de memoria y con detalles. Si la respuestas lleva una reflexión, una principio de fondo, ya no parece divertida, aburre. Es que nos encanta el automático! Deme la respuesta, yo quiero el plano de lo que va a hacer. No quiero pensar, ni reflexionar ni que me dejen solo a mi albedrío. Queremos foco en el HACER y nos resistimos a a mirar que es solo consecuencia del SER. Pero no es tan difícil. Es más, suele ser muy divertido!

Creemos que las decisiones pre establecidas, convertidas en reglas rígidas, nos darán una vida sin altibajos. Queremos la seguirdad de un papá que se sabe todas las respuestas, que se hace responsable de todo lo que pasa, que se hace cargo de nosotros y nuestro entorno. Y que incluso no deja que los problemas lleguen hasta nosotros.

Nos atemoriza pensar que el que está a cargo no controla todo. No sabe todo. No resuelve todo.

Tenemos miedo de nuestra vulnerabilidad. Y ese miedo ha movido a los llamados ‘malos’ tanto como a los auto llamados ‘buenos’ a apegarse a ideas, dándole a ellas más valor que a sí mismos o que a sus congéneres. A veces son ideas políticas pero también lo son económicas, culturales o religiosas. Etiquetas.

En Mockus veo una invitación a volver a darme cuenta de que soy un ser humano con capacidad de discernimiento. Y que puedo ejercerlo en cada ocasión, sin ceñirme a respuestas condicionadas y usando simplemente mis principios. Sin apegarme a etiquetas predefinidas que me tranquilicen al menos momentáneamente. Actuar desde los principios es como volar por instrumentos: no sabes qué surgirá en el camino, ni te preocupa tener o no una reacción preparada. Sabes que tienes instrumentos (los principios) que en cada circunstancia serán una guía confiable.

Cuando tenemos la idea de que en general las personas ‘son malas’ esto de que elijan todo el tiempo aterroriza. Imaginamos que una persona actuando de acuerdo a sus principios sería fatal. Que elegiría dañar a los otros, que elegiría lo fácil para sí, lo que le de placer y bienes sin límite, y sin importarle nada. Esa es una interpretación que viene de las creencias adoptadas.

Yo eligo creer que todas las personas cuando realmente se conectan consigo mismas, eligen sabiamente, equilibrando el bien propio y con el bien común. Que incluso muchas veces posponen la gratificación personal en aras de la gratificación de los demás. Y que tanto sufimiento, malas decisiones, crímentes y atropellos en el mundo se da porque estamos extraordinariamente desconectados de nosotros mismos, de nuestro ser interior, de nuestra grandeza y de nuestra dividinidad, por así llamarla. Por eso me encanta el llamado a volver a mirar a los prinicpios.

No me preocupa lo que cada uno elija. Confío en eso. Me preocupa que elijamos desconectados de nosotros mismos, que no sepamos cómo reconectar y peor aún, que no deseemos hacerlo.

Creo que todos, hasta el más humilde tiene la capacidad de hacer elecciones apropiadas para sí mismo y convenientes para los demás. Muchas cosas en nuestro entorno -publicidad, política tradicional, cultura de la desconfianza, miedo generalizado- nos invitan a creer que no somos capaces, que hay que dejarlo a los muy estudiados, a los privilegiados, a los iluminados.

Yo creo que tenemos la capacidad por el hecho de ser humanos. Por eso también me encanta el mensaje de Mockus de volver a crear la confianza. Eso transformaría inmensamente al país. Porque para confiar empiezo por ocuparme de ser confiable. Y eso, tomado en serio, haría una transformación inmensa en todos y cada uno de nosotros.

Cómo sería que cuando tú dices a las 8, fuera las 8? Cómo sería que cuando tú dices tal día, se supiera que es ese día?

Cómo sería que cuando tú ofreces un producto o servicio, el cliente pudiera confiar en que lo recibiría y de la mejor manera posible?

Cómo sería que cuando un político enuncia sus principios pudiéramos confiar en que actuará de acuerdo a ellos en todas las circunstancias, sin tener que darnos el libreto de cada problema y la acción que tiene prevista?

Cómo sería que confiaras en tu pareja, en tus hijos, en tus padres, en tu empleador, en los servicios públicos, en los profesionales y técnicos, en lo que compras, en lo que dicen?

Si miras la ley, la mayor parte de ella es benévola para la mayoría. Casi que con la Constitución (no manipulada) y los Derechos Humanos sería suficiente. Pero no confiamos en que se aplica, porque la experiencia es que no se aplica. Cómo sería confiar en que el que viola la ley recibe sanción?

Cómo sería confiar en nuestros criterio y votar por quien consideramos honesto y respetuoso de sus principios? Cómo sería confiar en que quienes elegimos legislan para el bien común? Cómo sería confiar en los jueces, en los funcionarios, en las instituciones, en los procedimientos?

Cómo sería confiar en que todos estamos comprometidos en generar oportunidades para que el país y sus ciudadanos crezcan y properen, y cada uno pone lo mejor de sí en ese empeño?

Cómo sería confiar en que el juego limpio es la regla? Para y piensa ese mundo, ese país. Y existen países así! Mi experiencia es que hay personas que no creen posible, que no saben que sí existen. Podrán ser mejores aún, sin duda. Pero el punto es que la confianza como norma social es posible. No estamos apuntando a una ética supra humana. Es totalmente posible vivir en una sociedad donde desconfiar no es parte de demostrar inteligencia!

Creo que la tarea grande y retante está en que miremos adentro después de quizá toda una vida mirando hacia afuera con una lista de etiquetas en la mano, prestos a pegársela a TODO lo que vemos: una vestido, un carro, una persona, una profesión, una comunidad, una idea!

La única etiqueta a la que quisiera vivir apegada es: yo soy consciente. Vale decir, yo me doy cuenta. ¿De qué? De todo: del momento, de mis recursos, de las opciones, de su impacto, de mi posibilidad de ser flexible, de lo que me funciona, de lo que no me funciona.

Me doy cuenta de que soy agente de cambio aún si no lo sé o no lo deseo. Me doy cuenta de que eligo y de que yo soy causa.

No puedo elegir por otros. Mi partecita es hacer de mí la mejor persona posible para mí y para esta sociedad. Si todos trabajamos en pulir este pedacito que sí nos corresponde, se armaría un mosaico espectacular, variado, confiable y muy hermoso! Juguemos a hacerlo. La vida es una. La vida es hoy.


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