Posteado por: importanciadevivir | julio 18, 2010

CREO … en qué creo

Antes de exponer mi opinión, creo conveniente reproducir algunas definiciones tomadas de Wikipedia en Español, consciente de que para muchos es una fuente discutible, por decir lo menos, pero para el propósito de mi exposición me resulta suficiente.

“El agnosticismo (del griego a-, sin y gnōsis, conocimiento) es aquella postura filosófica o personal que, a grandes rasgos, considera inaccesible para el ser humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende o va más allá de lo experimentado o experimentable”.

Ateísmo es, en un sentido amplio, el rechazo a la creencia en dioses o deidades. En un sentido más estricto es la posición que sostiene la inexistencia de deidades, y en un sentido más simple es la falta de creencia en deidades. Algunos la definen como una doctrina o posición que rechaza el teísmo, que en su forma más general es la creencia en la existencia de, al menos, una deidad.

En un sentido amplio podría incluirse dentro de la definición de ateísmo, tanto las personas ateas, quienes explicitan la no existencia de dioses, como aquellas que, sin creer en su existencia, no tienen evidencia ni convicción para su refutación. En un sentido estricto se excluyen a estos últimos, denominados agnósticos, de la definición de ateos. Los agnósticos rechazan reconocerse como ateos o ateístas ya que consideran inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.

El término ateísmo incluye a aquellas personas que declaran no creer en ningún dios determinado (ya sea Brahma, Alá o cualquier otro). De acuerdo a la opinión de algún autor, ser ateo o negar la existencia de un dios o dioses no implica necesariamente no pertenecer a ninguna religión; existen religiones, como el budismo que niegan la existencia de dios o no mencionan la existencia de dios alguno y que, por consiguiente, son ateas o más correctamente no teístas y que en algunas de sus doctrinas pueden considerarse panteístas.”

Por otra parte “El concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios hace referencia a una suprema deidad.

Dios es el nombre que se le da en español a un ser único omnipotente y personal en religiones teístas y deístas (y otros sistemas de creencias) quien es: o bien la única deidad, en el monoteísmo, o la deidad principal, en el politeísmo.

Dios también puede significar un ser supremo no personal como en el panteísmo, y en algunas concepciones es una mera idea o razonamiento sin ninguna realidad subsistente fuera de la mente, como en los sistemas materialistas.

A menudo Dios es concebido como el creador sobrenatural y supervisor del universo. Los teólogos han adscrito una variedad de atributos a las numerosas concepciones diferentes de Dios. Entre estos, los más comunes son omnisciencia, omnipotencia, omnipresencia, omnibenevolencia (perfecta bondad), simplicidad divina, y existencia eterna y necesaria. Dios también ha sido concebido como de naturaleza incorpórea, un ser personal, la fuente de toda obligación moral, y el mayor ser concebible con existencia.”

Para finalizar, “El panteísmo es una doctrina filosófica según la cual el Universo, la naturaleza y Dios son equivalentes. La ley natural, la existencia y el universo (la suma de todo lo que fue, es y será) se representa por medio del concepto teológico de “Dios”. La palabra panteísmo viene del gripeo y significa: todo es Dios.

El panteísmo es la creencia de que el mundo y Dios son lo mismo, es más una creencia filosófica que religiosa. Cada criatura es un aspecto o una manifestación de Dios, que es concebido como el actor divino que desempeña a la vez los innumerables papeles de humanos, animales, plantas, estrellas y fuerzas de la naturaleza.

El panteísmo es incompatible con la creencia en un Dios personal, de ahí que para algunos sea una expresión del ateísmo.

Sin embargo también aporta un nexo de unión entre diferentes religiones, por ejemplo hay poca diferencia entre esta visión o el que para los budistas ‘el uno es el todo’.”

A qué viene todo lo anterior. En latinoamérica,  en el mundo occidental y me parece que en el planeta, no creer en dios es una excepción. Quizá la cantidad de no creyentes esté aumentando, pero aún es algo fuera de lo normal. Confesarse no creyente en ciertos países se parce en cierta forma, a ‘salir del closet’, a exponerse al mundo como un ser diferente, hasta cierto ‘anormal’, y abrirse a la posibilidad de ser estigmatizado. Para ilustrarlo, recientemente Antanas Mockus como candidato presidencial en Colombia, fue objeto de superficiales pero agresivos y atemorizados ataques y defensas, cuando se rumoró que era ateo. Esa posibilidad casi que lo descartaba como candidato. Generaba miedo en unos y en otros, partidarios y opositores. Sus seguidores se afanaron en buscar argumentos para demostrar la falsedad de esta afirmación. Y los opositores para demostrar que esto lo hacía inelegibre. Solo por el posible hecho de no creer en dios. No por sus acciones, no por sus planteamientos éticos, morales, económicos, sociales, ideológicos.

Yo no creo en dios, desde hace cerca de 35 años. Fui criada como católica y fui practicante convencida. Durante mi época universitaria cambié mi creencia. Fue algo importante para mí. Y el tema sigue siendo importante, pues estoy inmersa en una sociedad en la que oyes hablar de dios y escuchas que es usado como soporte para acciones y omisiones varias veces al día. Es importante para mí porque estoy comprometida con la coherencia y por estos alrededores la encuentro muy ausente.

Alguna vez hace más de 20 años, comenté en un grupo de amigos que yo no creía en dios. Una chica joven, profesional, tierna, sensible e inocente, abrió sus ojos como platos y me dijo “pero entonces tú tienes que ser MUY MALA!”. No disimuló su sorpresa ni el espanto de pensar de qué cosas -malas cosas- sería capaz una persona que no cree en dios. Me miró como si yo hubiese dicho “estoy aquí para representar al diablo y a la maldad”. Por supuesto sus pensamientos tenían todo que ver con ella (y sus creencias) y nada que ver conmigo.

Y he vuelto a encontrar esa opinión muchas veces. En otra ocasión, en un contexto de liderazgo y crecimiento personal, cuando supo que yo no creía en dios un hombre me dijo “… pero … cómo así? No entiendo! Entonces cómo estás aquí?” Yo apoyaba al grupo en trabajar temas como confiar, creer en sí mismos, saberse capaces de generar transformación en el mundo mediante la solidaridad, el respeto al planeta, el compromiso con la vida, etc. Y le pareceía una profunda contradicción que un no creyente pudiera validar estas ideas y dedicar parte de tus vida a trabajar por ellas.

De manera que socialmente hay un gran desconocimiento acerca de qué significa que una persona no crea en dios. Pero a muchos eso no les impide ir con celeridad por el camino de calificar, suponer y dar por sentado que debe pensar, sentir, hacer y desear hacer esa persona.

Empecé este artículo con unas definiciones. Si las leen con cierto detenimiento verán que no son tajantes, que hay opiniones y criterios. Que según unos esto se clasifica aquí y según otros se clasifica allá. Eso es porque las definiciones son cuestiones humanas. El universo existe millones de años antes que el primer humano y su capacidad lingüistica y mental de crear palabras y conceptos y asociarlos.

Por tanto para mí eso hace que ninguna definición sea tajantemente válida o inválida, excepto en contextos delimitados con precisión. Y que no valga la pena empeñarse en conseguirlo. Lo único que las valida es un acuerdo entre personas, que NO HACE la realidad externa sino que es solo eso: UN ACUERDO ENTRE PERSONAS.

Mi preferencia es hablar de aquello en lo que sí creo en lugar de aquello en lo que no creo.

Yo creo que el universo se creó hace millones de años. Yo no se cómo. La teoría del big-bang me deja en las mismas. ¿De dónde salió toda esa materia y energía? Yo he elegido no llenar ese vacío con teorías supra naturales.

Yo creo que los seres humanos fuimos producto de la evolución de la vida en un diminuto planeta entre millones de planetas que parece (creo) existen.Yo creo que es posible y bastante probable que haya sucedido algo similar en otras partes.

Yo creo que existe el concepto de dios (claro que existe!!! de ese concepto estoy hablando aquí). Yo creo que ese concepto es invención humana y no proviene de una existencia objetiva demostrada.

Yo creo que como en Matrix o en algunos capítulos de Viaje a las Estrellas, sería posible que todo y todos fuesemos juguete de seres superiores que no vemos pero todo el tiempo mueven los hilos detrás de la escenografía. Que nuestro universo sea su caja de juguetes o de experimentos. Yo elijo no creer en esto, no lo creo probable, aún creyéndolo posible. Yo decido que el univero es mi contexto.

Yo creo que los hombres creamos el concepto de dios ante el desconcierto del no saber o entender de dónde proviene todo, del temor a lo desconocido primero (hombre primitivo) y de la tranquilidad que da el sentir que hay alguien a cargo, con la consiguiente reducción de ansiedad al creer que no todo en mi vida depende de mí.

Yo creo que la religión es una cosa y la creencia en dios es otra. Yo no creo en la necesidad social de ninguna de las dos, aún cuando de la creencia en ellas alguna o muchas veces hayan provenido acciones constructivas (también muchísimas destructivas).

Yo creo que la existencia de creencias en dioses y religiones en prácticamente todas – si no todas- las culturas y civilizaciones no es razón suficiente para creer en dios.

Yo creo que las razones por las que es hermoso, tranquilizador y cómodo confiar en que hay un dios, no son para mí suficientes para elegir creer en su existencia.

Yo creo que la ética y la moral son conceptos que se alinean con sentires innatos en el hombre (creyente o no) pero son independientes de la religión.

Yo creo que la relación de religión con ética y moral es forzada, confusa, y ha sido y es manipulada.

Yo creo que las religiones son una cosa y las iglesias son otra. Creo que estas últimas usan el temor de los individuos para su beneficio. A veces como consecuencia el individuo se beneficia viendo formas de mejorar su vida, pero creo que son más las veces que el individuo se convence de su incapacidad y necesidad de depender y comprar su tranquilidad.

Yo veo que hay personas profundamente creyentes que buscan alinear su vida con sus creencias, y que hay personas profundamente creyentes que viven en total contradicción con sus creencias. Y que existen todos los intermedios.

Yo creo que hay creyentes y hay no creyentes que viven dando lo mejor de sí mismos, siendo amorosos, confiados, generosos, optimistas, actuando dentro de la ética y la moral, contribuyendo a crear un mundo mejor.

Yo creo que hay creyentes y hay no creyentes que viven en el vicio, la maldad, el atropello, la violencia, la ambición, la mezquindad, el odio, quitando.

Yo creo que hay creyentes felices e infelices. Y que hay no creyentes felices e infelices.

Yo creo que todos elegimos qué creer aunque no siempre somos conscientes de que lo hacemos. Aún los hechos científicos, como que los átomos tienen electrones, son para muchos creencias, exceptuando quienes trabajan con ellos. Los demás solo fuimos informados en determinado momento y elegimos creer. Esto para nada significa que yo creo que no existen pero elegí creer o aparentar que que sí existen! Ojo, muchas de las diferencias en estos temas surgen por leer o escuhar lo que no se está diciendo, o mejor, por dar por hecho lo que se teme y se rechaza cuando no hay coincidencia de criterios.

Mi abuela murió a principio de los 80, y hasta entonces eligió creer que la llegada del hombre a la luna fue un montaje, una farsa. La mayor parte de la humanidad -creo- eligió creer que fue un hecho consumado y actuamos como si lo fuera. También hay quienes hoy en día creen lo mismo que mi abuela.

Casi todo en esta vida se trata de CREER. Ni qué hablar de lo más subjetivo.

Yo creo que Pepito es una gran persona y mi amigo cree que es un cretino. Yo creo que el mango es delicioso y alguien opina que es un vomitivo. Yo creo que el matrimonio es para siempre y mi pareja cree que durará hasta cuando sea interesante que dure. O visceversa.

Si te fijas, casi todo el mundo en el que vives está fundamentado en lo que crees. Y esa creencia la elegiste en algún momento, de manera consciente o inconsciente.

Tus padres, maestros y las personas que te criaron siguen presentes en tu vida, la marcaron una y otra vez, consciente o inconscientemente, con decenas, cientos, miles de creencias. Y ellos reflejaron las creencias de sus hogares, de sus países, de sus familias, de su entorno económico, religioso, social, cultural, racial, educativo.

Todo se complica cuando nos convencemos de que esas no son mis creencias personales sino una verdad externa objetiva e indiscutible.

Todo empeora dramáticamente cuando otro no tiene las mismas creencias. ¡¡¡¡¡Hasta matarlo es válido!!!!!! Y aceptado!!! Y promovido!!! Si crees que mi paíes es hasta esta raya y no hasta esta otra, mereces morir. Si crees que tu partido es mejor que el mío, mereces morir. Si crees que tienes derecho a elegir tu vida sexual tengo derecho a maltratarte o incluso herirte. Si crees que tu profesión es mejor que la otra eres un imbécil. ¿Nos damos cuenta?

Dirás que el punto es que la creencia genera una acción y la acción un resultado indeseable para tí. Y es verdad. Ahí nace lo que hace hervir las entrañas y apretar el bolsillo.

Pero cuando miramos que todo nace de una creencia y que tal creencia es primero, subjetiva y segundo, modificable, la perspectiva podría cambiar radicalmente. Tal vez ahora te interese bajar la guardia y convivir despreocupadamente con el que cree que el matrimonio entre homosexuales es válido o el que cree que el aborto debe ser prohibido, siendo que tu pensamiento es otro.

Pero y entonces, ¿cómo dirimir diferencias? De nuevo, quizá no sea indispensable dirimir diferencias. A tu pareja le gusta el verde y a tí el azul. No hay que cambiarlo. No hay que llegar a un acuerdo. No tienen que tener gustos iguales.

Socialmente seríamos abiertos a aceptar la diferencia. Y mejor aún, a DEFENDER al que es diferente, porque defendiendo su derecho a un estar y a diferir defiendo mi derecho y el de mi gente a estar y a diferir. Todos ganamos.

Como civilización hemos ido descubriendo mecanismos para convivir en la diferencia. La declaración de los derechos humanos es una forma (no creo que esos derechos existe per se, sino que nos los inventamos por nuestra comodidad y elegimos hacerlos válidos para todos. Funcionaría! … Si los respetáramos). La democracia funcionaría si los que no ganan aceptan que sus ideas no estarán en práctica por un tiempo y los que ganan aceptaran que están gobernando para todos.

Quizá si aceptamos que las creencias está en el fondo de todo, nuestro compromiso se empezaría a centrar en crear espacios para todos y no en crear espacios con creencias uniformes. Quizá nos esforzaríamos en tener mecanismos para que todos quepamos en el mundo sin que los otros tengan que desaparecer. Quizá aceptaríamos dar menos relevancia al TENER (territorio, propiedades, poder, …) y daríamos infinita relevancia a conseguir que todos podamos SER.

Yo creo que lo que no se aún cómo resolver, lo vamos a resolver. Si todos partimos de que queremos hacerlo. Si creemos que es posible.

Quizá el paraíso en la tierra sea viable por ese camino. Pero de nuevo, lo primero es CREERLO posible.

En últimas, eso de que no soy creyente es un decir. Yo creo muchas cosas. También creo que las creencias me pueden ampliar el horizonte y empoderarme o me pueden limitar de manera extraordinaria.

Yo creo que mis creencias las puedo elegir. Yo creo que es interesante, retador y gratificante el identificar mis creencias, revisarlas, cuestionarlas y decidir reafirmarlas o descartarlas. En eso trabajo últimamente. Me divierte. Y creo en que me funciona … para qué? Para vivir una vida como la quiero y merezco vivir.

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