Posteado por: importanciadevivir | abril 10, 2011

Del mal genio

Un domingo espléndido, recién empezando las vacaciones de fin de año. Toda la familia se levanta, unos más pronto otros más perezosamente, a alistarse para ese paseo que los tiene a todos emocionados. Lo han planeado por meses y ha llegado el día. Se han hecho preparativos, se ha conversado extensamente de lo que harán y la excitación es total entre los numerosos chicos pero también entre los padres, generalmente pausados y más bien reservados.

Todo es euforia. Corren, terminan de llenar sus maletas, preparan y comen su desayuno apresuradamente, se interrumpen para empacar algo que, afortunadamente, recordaron solo ahora, pero aún a tiempo. La gritería es total, el entusiasmo desbordante. De pronto, uno de los niños queriendo mostrar con sus bracitos cuán grande es el mar que conocerán pronto, voltea una taza de hirviente chocolate. El líquido corre raudo por la mesa, cual río abriéndose camino por una planicie seca. Se ramifica, se represa, se desborda y sigue su camino. Alcanza buena parte del mantel y … ¡los pasajes! Ahí justo en su camino están los tiquetes pero al río no lo detiene nada. Solo vacila un instante, reúne fuerzas y zas! pasa por encima de ellos. Luego continúa su camino imperturbable sin asomo de culpa ni arrepentimiento.

Cuando alguien reacciona, ya es tarde. Se ha mojado, se han manchado. Presto el padre reacciona y los retira. La madre los empieza a limpiar con un paño seco. Pero el daño está hecho. Algunas partes de la tinta se han corrido y en otras el delgado papel se ha roto. ¡CATÁSTROFE! Los pasajes se han dañado.

El chico y todos los demás alrededor de la mesa, quedan congelados. El silencio es sepulcral. El miedo se ve en los rostros. Y es que aún mayor al dolor de posiblemente perder las vacaciones, es el miedo a lo que viene. ¡La furia del padre! Y todos ellos saben por qué la temen.

Mientras la madre continúa dando los primeros auxilios a los maltrechos papeles, el hombre voltea hacia el niño. Su expresión es de furia ilimitada, las aletas de la nariz recogidas y temblorosas, los labios retraídos, los dientes amenazantes, la mirada fulminante, los brazos levantados, los puños apretados, la respiración entrecortada, la expresión completa de su cuerpo es la de una fiera lista a lanzarse sobre un bicho para destruirlo. Sin embargo, no se mueve, no lo toca y ni siquiera lo insulta.

Lo reprende en voz alta. MUY alta. Pone toda su energía en la voz, descarga en ella todo lo que su cuerpo no hace, los gritos lastiman su garganta y congestionan su propia cabeza. Censura al niño su necedad, su imprevisión, su desconsideración. Amenaza con cancelar el viaje y con la culpa que tendrá que cargar por la frustración de todos. Predice el futuro negro que tendrá por no prestar atención, por no seguir las indicaciones que una y mil veces le han dado. Reniega de su suerte, de nunca poder disfrutar tranquilamente los resultados de sus esfuerzos, de no poder gozar de la vida tranquila que busca con ansiedad y sin descanso, pero que nunca llega porque siempre hay gente como él, que con ojos desmesuradamente abiertos y cuerpo encogido, recibe la diatriba como si literalmente fueran golpes en su cuerpo. Y el padre no lo ha tocado. Pero los gritos descargan en su alma golpes que son violentos y lo están marcando para siempre. El chico es presa del terror más grande, y sus hermanos, siendo solo espectadores, sufren tanto como él.

La casi inmóvil escena es violenta a todas luces. La madre no se atreve a mirar al padre a los ojos. Ya en otras ocasiones ella se ha convertido en objeto de esas furias incontenibles. A veces teme que al hombre le de un infarto. Otras veces desea que algo, lo que sea, le pase para que se interrumpa esa andanada de ira destructura que él, defensor de la paz y los buenos arreglos entre seres racionales, cree que civilizadamente reprime, y es verdad, nunca los golpea pero todos, incluso él, salen tan lastimados.

Es que él es de mal genio. ES de mal genio. ÉL ES MALGENIADO. Y no es ni siquiera su culpa. Le viene de familia. Su madre lo era y sus tíos, no solo por parte de madre sino también de padre. Por doble vía. Es de familia. Y además, tiene 10 hijos, ¿cómo esperar que sea tranquilo cuando cada cinco minutos alguien hace algo que interrumpe la paz, que daña los planes, que destruye algo construído con esfuerzo?

Treinta años después, ese chiquillo, ahora un hombre, vive la misma escena frente a su hijo de seis años.

Todos tienen eso clarísimo: él es malgeniado. Casi todos lo notan al poco tiempo de conocerlo. Y si no lo notan, él se los deja saber. Lo repite él, lo repite su mamá, lo repite su esposa, lo repite su hijo. Es como una advertencia a su alrededor. Parecida a las que se ven en algunos lugares: “Perros bravos. ¡CUIDADO¡”. Es como si dijeran él es cojo, él es tartamudo, él es alto, él ES MALGENIADO.

Nadie lo duda ni nadie es responsable. Simplemente él es así. Es algo propio de la naturaleza de unas personas, y simpleme y afortunadamente para ellas, no es parte de la naturaleza de otras.

Un dia, después de una furia inmensa, en medio de su desdicha e impotencia, se siente TAN agobiado que desea morirse para dar una lección a la gente. Para que entiendan que no pueden hacer lo que hacen impunemente, que sus acciones afectan a otros, lo perjudican a él o a sus cosas, al resultado de sus esfuerzos. Desea morir para que sepan cuán importantes son las cosas y que lo que para ellos es un descuido trivial, simplemente ¡podía costar una vida!

Imagina su funeral, la reacción de la gente reconociendo que las cosas simples son muy importantes, que costaron la vida de esa persona tan valiosa. Los imagina compungidos, tristes, arrepentidos. Esa sería su victoria. ¡Ese arrepentimiento lo vale todo! De pronto siente una sacudida. Un momento. ¿Qué fue eso? ¿Morirse valdría la pena para que la gente viera que lo trivial no es trivial? ¿De veras su vida vale eso? ¿De veras cree que la gente es tonta por no creer que lo trivial es trascendental? ¡Si hay alguien tonto aquí es él!

En un insstante se da cuenta de que él, el que se sentía importante, lúcido y poderoso, es el más insignificante y frágil. Está en manos de LOS OTROS, está a merced de LOS DEMÁS. O también se puede decir que está en manos de las cosas, esas cosas que ha llegado a pensar que valen más que su vida.

Los pensamientos rondan su cabeza todo el tiempo. Se siente confundido, pero no dispuesto a renunciar. De pronto lo que era algo estable y claro, su SER malgeniado, tambalea. Algo no encaja. Algo está en abierta contradicción con sus principios y con su inteligencia.

Cuando surge otra situación de aquellas que exacerban su mal genio, la escena de su funeral vuelve a relampaguear en su mente. Ve a la gente riéndose de esa muerte tan tonta. Los ve regresando a sus casas y haciendo lo que siempre han hecho. Se ve a sí mismo en el cajón y se ve ¡TAN ESTÚPIDO! Si hay alguien que tiene una lección por aprender es él.

Entonces vuelve al presente y se pregunta: ¿de veras prefiero morir? Claro que no. Y no me voy a morir por esta rabia. Pero sí estoy matando a mi hijo con esto. Han sido muchos los momentos de agonía que no estoy dispuesto a repetir. Lo sé. Lo viví. Me estoy matanndo, estoy matando a la gente y mi relación con cada persona a mi alrededor. Estoy acabando con lo que busco en mi vida. ¡Ahí está la contradicción!

El descubrimiento lo abruma.

Solo tengo que ponderar mi vida y la vida de otros, frente a las cosas. Las que sean. Algo roto o dañado, un desorden, una desatención. Incluso algo más grande. Como una quiebra o que alguien elija algo que yo nunca elegiría. Algo que yo creo o sé, que le traerá dolor a esa persona. Tienen derecho a elegir.

¿Y si esa furia solo ha sido una herramienta de manipulación, un medio para decir: o haces lo que yo quiero o sufrirás mi mal genio?

¿Y si esa furia solo ha sido un medio de rebelarme contra el cansancio, contra el agotamiento, contra la búsqueda incansable de un estado de perfección, de equilibro que nunca llega, que siempre se deshace o peor que siempre alguien deshace?

¿Y si esa furia solo ha sido la manera de decir: espero algo distinto de tí, espero reconocimiento, agradecimiento, cuidado, pero recibo otras cosas?

¿Y si esa rabia ha sido la forma de protestar porque siento que el mundo es injusto conmigo, con mis esfuerzos y expectativas?

¿Y si esa ira incontenible es solo el miedo, mi miedo a tener que enfrentar cosas dífíciles, a perder lo alcanzado, o  no se capaz o suficiente?

Los setenta años de vida de su padre sumados a los suyos propios, son más de 100 años de evidencia de que no funciona. Si acaso consigue un éxito corto, lograr que hagan lo que quiere por una vez, por un rato. Pero las cosas no se transforman de esa manera. ¿Será que su inteligencia puede desconocer eso? ¡Definitivamente no!

Y como en un click le llega la certeza, que ya nunca le abandonará, de que su genio, su mal genio, es algo que él elige. La certeza de que ese mal genio de familia es una creencia que solo le ha servido para perpetuar algo que no va a heredar a su hijo. De que su vida, su buen vivir, siempre estará alterado por imprevistos, pequeños, medianos y quizá alguno catastrófico. De que por duros que hayan sido los problemas siempre ha sobrevivido y los ha superado y no fue gracias a su mal genio. De que no puede elegir cómo los demás actuarán, que es tremendamente ilógico pretender controlarlos, cuando no se controla siquiera a sí mismo. Eso no admite discusión.

De pronto siente alivio. Aunque también siente temor. Sabe que cambiar su imagen, así sea un cambio favorable, es un reto que enfrentará burla y mofa. Sabe que aunque cambie su respuesta, otros le seguirán tratando como si no la hubiera cambiado, seguirán tratando al malgeniado iracundo que conocen aunque ya no se manifieste. Será un poco el precio, la cosecha de lo que ha sembrado. Estar preparado ayudará, es parte de la prueba.

Le gusta inmediatamente la imagen que ve. Sentirse parte de esas personas que siempre admiró. El tío que no se salía de sus casillas aunque embarraran los asientos de su carro nuevo, aunque perdiera algo importante, aunque no alcanzara un resultado. Esa persona que con sabiduría aceptaba lo que llegaba, aunque no le gustara, sin que eso significara quedarse inmóvil y ser víctima. Y le gustó es nueva imagen de sí mismo. Le gustó verse como alguien paciente, alguien superior a sus circunstancias, alguien en quien los otros encontraran refugio y apoyo cuando surgieran los problemas. Eso encajaba más en la idea de su fortaleza, su capacidad, su crecimiento. Y sonrió orgulloso pensando en lo que sus nietos vivirían.


Responses

  1. ¿Será que si logramos cambiar?, el camino para hacerlo es difícil y no solo lleno de mofas por lo que hemos estado sembrando. Es necesario lograr que sea algo que brote de nuestro interior y no solo una buena intención pasajera. Pero, como todo aquello que vale la pena, si se trabaja arduamente se podrá alcanzar. Posiblemente la mejor motivación sea, que no quiero lo mismo que Yo he sufrido, para mis herederos.

  2. Muy interesante. Si todos pudiéramos asimilar la enseñanza, seríamos menos trascendentales y podríamos tomar la dimensión de las cosas… A veces nos preocupamos mas de la cuenta por algo que de pronto no vale tanto la pena. Debemos controlar nuestra reacción primaria de hacer sentir culpables a los demás. Ojalá no sea demasiado tarde.


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