De Saber vs Aprender

Cuando somos niños, tenemos una sed insaciable por el conocimiento. Alrededor de los 2 años los niños empiezan a preguntar … y preguntan … y preguntan … y preguntan. Sin pudor, sin temor e incluso sin un propósito.

Desde entonces y por muchos años, preguntan, indagan, investigan, suponen y comprueban, experimentan; miles de cosas. Lo trivial y lo trascendente. Se vuelven a hacer las mismas preguntas una y otra vez, y van amalgamando las respuestas. Así arman su carta de navegación tanto con las respuestas que van obteniendo como con las nuevas preguntas que todos los días les surgen. Y usan esos conocimientos para enriquecer su experiencia vital. Confían ciegamente en las respuestas que le da la gente a su alrededor … pero no eternamente. Con el tiempo, amplían el entorno al cual indagan, incorporan los libros (quienes les precedieron), los medios, los amigos y a sí mismos. ¡Ellos ahora también saben dar respuestas!
Muchos adultos conservan la curiosidad, y son personas que se mantienen vigentes, no tanto con respecto al mundo externo, sino con respecto a su propia existencia.
Otros sin embargo, determinan en algún momento, consciente o inconscientemente, que ya es suficiente. Que ya tienen todas las respuestas. Cierran la recepción, ya no se admiten nuevas preguntas ni nuevas respuestas. Y su carta de navegación, creada durante un breve lapso, quizá 15-20 años, queda estática para ser usada en los siguientes 30 o 60 años, impermeable a los resultados de su uso, a los cambios del entorno, del camino, del destino, del viajero.
Estas personas se cambian de un sapiente ‘modo aprender’ a un artrítico ‘modo saber’ y se auto-condenan a privarse en primer lugar, del gusto intrínseco del descubrir, y también de la oportunidad de evolucionar enriqueciendo su vida con su propio aprendizaje tanto como con el del mundo exterior.
A sus manos pueden llegar la sabiduría, las oportunidades, las curiosidades e incluso el humor. No las ven. Solo busca en ellas lo que ya conocen para ratificar que no tienen nada por aprender. Si aparecen cosas nuevas las rechazan con arrogancia o las ignoran – con arrogancia también. Van por la vida buscando evidencia de que ya llegaron a la cumbre y nada ni nadie los puede mover de allí. Y por supuesto, consiguen esa evidencia.
No importa mucho qué origina ese cambio de ‘Modo Aprender’ vs ‘ Modo Saber’. El perdedor no se da cuenta. Se estrella contra el mundo, se encuentra rodeado con más o menos frecuencia del entorno, las circunstancias, las personas que no desea. Sin embargo no se pregunta ¿cómo sucedió esto? ¡Ya lo sabe! Incluso puede señalar a los culpables.
No importa qué le digan, los amigos, los familiares, el jefe, los libros, sus sentidos, sus resultados, la vida. A todo lo que escucha él le pone el traje de lo que ya le es familiar, y comprueba que ‘él ya lo sabía’. Es su éxito, su logro, su recompensa. Empobrece cada día más, aislado, arrogante y muchas veces, en sufrimiento.
Se está perdiendo lo mejor de la fiesta pero no se da cuenta. Para darse cuenta, se requiere humildad, que confunde con debilidad. Empezó un día siendo admirador del saber y el conocimiento y termina estando más alejado de ellos que los ignorantes pero curiosos. Empezó un día sintiéndose libre, arriesgado, conquistador y se convierte en un joven envejecido, retrógrado, apegado solo a lo conocido.
Sin embargo, en él siempre reside, inmortal, ese deseo de saber y conocer, que puede resucitar en cualquier momento. Basta con que de paso nuevamente al juego, a la lúdica, a la diversión de buscar, de encontrar, de elegir, de cambiar. Basta con que abandone su apego a la imagen, al parecer, a la idea de que ser sabio riñe con estar dispuesto a cambiar, a la idea de que buscar significa estar incompleto e imperfecto hoy. La disposición para volver a disfrutar de la búsqueda y del encuentro, están intactos en su corazón esperando el chance para una nueva, renovada y eterna juventud.
Lo que no va en la vía de la evolución va en la vía de la extinción
Estamos aquí, como especie, porque evolucionamos. Algo sorprendente, es que además cada individuo de esa especie evolucionada y con conciencia, puede elegir para su propia y corta existencia, evolucionar o empezar a extinguirse, con más pena que gloria, en vida.

Mira un momento tu vida: ¿te sabes y te sientes un ser en evolución?
Si sientes que tienes miedo a cambiar, ¿qué es lo que en realidad de asusta de esa posibilidad?

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